Se podría argumentar que Austria siempre fue un país rico, y durante la época de sus gobernantes Habsburgo, ciertamente lo fue. Pero tras la disolución del Imperio austrohúngaro, Austria se perdió entre dos mundos: su herencia alemana y su nación multiétnica. Como tal, fue fácil para la Alemania nazi apropiarse de Austria, integrarla en su esquema antisemita y hacerla desafiar a todo el mundo occidental. Austria se vio profundamente implicada en las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, pero, de alguna manera, se las arregló para salir adelante más rápido de lo que cualquiera podría esperar.
Desde sus inicios como la Marca oriental, pasando por el ascenso de su dinastía gobernante, los Habsburgo, y a través de muchas guerras ideológicas y étnicas, Austria consiguió mantener su personalidad única, aunque nunca tuvo realmente una identidad estrictamente definida. No es de extrañar que muchos estudiosos describan la historia de Austria como una historia sin nación. En la sociedad moderna, no siempre está claro cómo puede existir un país sin una nación, así que si tiene curiosidad por entender cómo es posible, continúe leyendo para comprender la compleja serie de acontecimientos que condujeron a la fundación de la Austria actual y a la identidad austriaca moderna.