El autor considera la espiritualidad no en relación con religiones, creencias, dogmas ni ritos, sino fundamentalmente como algo consustancial al misterio, a aquello que trasciende el tiempo y el espacio, la historia y el cosmos. En este sentido, tendría más que ver con lo que se llama u201csabiduría perenneu201d, aquello que es común a todas las tradiciones espirituales de todos los tiempos y de todas las civilizaciones. Y sobre todo a la vivencia interior y no a los símbolos ni a los textos sagrados. En cuanto a la política, para el autor se trata de cómo regulamos la convivencia y gestionamos creativa y amorosamente los intereses contrapuestos, la diversidad y las diferencias. A partir de esta base, Alfonso Colodrón va desgranando las diferentes manifestaciones en la vida cotidiana de estas dos dimensiones, mucho más relacionadas de lo aparente.