El delito ya no es un flagelo que se padece de la puerta de los hogares hacia fuera, ahora se ha instalado en el propio seno de la familia; allí donde la pareja vive en comunión sus íntimos momentos abrazando ese estado que se torna cada vez más quimérico llamado "felicidad"; allí donde los niños aprehenden sus primeras vivencias como pautas rectoras de aprendizaje que marcarán sus pequeños-grandes traumas que acudirán a su formación. El presente trabajo aborda una temática por demás sensible y delicada, que hace a la incidencia del ilícito penal en el basamento fundacional de toda sociedad: la familia. El delito ya no es un flagelo que se padece de la puerta de los hogares hacia fuera, ahora se ha instalado en el propio seno de la familia; allí donde la pareja vive en comunión sus íntimos momentos abrazando ese estado que se torna cada vez más quimérico llamado "felicidad"; allí donde los niños aprenden sus primeras vivencias como pautas rectoras de aprendizaje que marcarán sus pequeños-grandes traumas que acudirán a su formación. El presente trabajo aborda una temática por demás sensible y delicada, que hace a la incidencia del ilícito penal en al basamento fundacional de toda sociedad: la familia.