Para esencializar una semblanza de Villanueva contamos con dos testimonios de época excepcionales por la calidad de sus autores. Goya y Jovellanos. Despachando papeles retrata Goya a su amigo, con un plano en la mano y otro sobre la mesa; sólo el uniforme de académico y el compás junto a la firma del cuadro nos hablan del rango y la profesión del arquitecto, que se halla en torno a los sesenta años de edad. En esta pincelada corta tendríamos adjetivado el perfecto complemento verbal de la imagen goyenesca, un guiño entre pares con el afán de puntualizar la calidad de un modo de ser sólo aplicable a quien ha ganado el derecho al ejercicio de la juiciosa libertad de la critica y de la razón, a la plenitud de la autonomía espiritual de la conciencia y también a vivir por cuenta propia.