La edad solo es un número y nunca puede ser un límite. Pino Montesdeoca tenía 53 años y toda una vida por delante cuando, despues de estar al borde de la muerte, le propusieron hacerle unas fotos y presentarlas a una agencia de representación.
Antes de eso había sido profesora, había gestionado propiedades en las Bahamas, viajado por todo el mundo con su marido y había disfrutado de la maternidad con sus dos hijas.