Solo es posible alcanzar la plenitud de "lo divino" en la medida en que nos empeñamos por lograr la plenitud de "lo humano"; únicamente podemos llegar a ser "más divinos" haciéndonos "más humanos". Esta propuesta tiene que invadir e impregnar la vida y la actividad toda de la Iglesia: su teología, su sistema organizativo, su moral, sus leyes, su presencia en la sociedad y, sobre todo, en la vida y la espiritualidad de los cristianos.