La lengua no se limita a la palabra, al enunciado o al argumento; se asienta y engarza con múltiples lenguajes disponibles gracias a la evolución de los seres vivientes, a la fisiología del cerebro y a los sistemas perceptuales y expresivos del cuerpo. Hay comunicación y lenguaje en el gesto y el aroma, en la música y en el lienzo, en el mapa y en el edificio. Se atribuye un lenguaje bioquímico a los ecosistemas por el cual las plantas atraen al polinizador que las propaga o disuaden al defoliador capaz de arrasarlas. [...] Al tiempo que reconocemos este vínculo semiótico con las criaturas del mundo, también damos cuenta de las diferencias que transcurren desde la vastedad de la información inmanente a la estructura del cosmos, pasando por la elaborada comunicación animal, para llegar a la expresión intencional y simbólica del lenguaje verbal humano.