Y sin halcones y sin azores mudados. Suspiró mío Cid pues tenía grandes cuidados. Habló mío Cid bien y tan mesurado: "¡Gracias a ti, señor, padre que estás en alto! ¡Esto me han hecho mis enemigos malos!" "Dos conflictos de honra dramatizan el Cantar del Cid. Por un lado el choque entre la grandeza e integridad morales de Rodrigo y la arbitrariedad del rey Alfonso, que dando oídos a la calumnia y a la maledicencia de los envidiosos, lo destierra, situación maravillosamente condensada en un verso lapidario: ¡Dios, qué buen vasallo si ovresse buen señor! Este conflicto tiene un carácter puramente social, o feudal si se quiere: daña al Cid en cuanto lo expulsa de Castilla como un ser indeseable, pero el honor del caballero sigue incólume"