Elías Canetti hablaba del escritor como vigilante de la metamorfosis. Propongo extender este lema y pensar en el estudioso de la literatura -y del pensamiento literario- como alguien atento a las fronteras entre literatura y tecnología, porque, entre otras cosas, la literatura no constituye, sino como construcción mítica, un territorio esencialmente escindido de las transformaciones socioeconómicas, políticas y psicológicas que vienen entrelazadas con los desarrollos tecnológicos. En este sentido, los estudios literarios, filosóficos y estéticos cuentan con una tradición que es preciso tanto dar a conocer a nuestros estudiantes como continuar bajo el estímulo y, por qué no decirlo, la presión de este nuevo contexto comunicativo que llamamos aquí cibercultura.