Con mucha naturalidad, la autora plantea grandes preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. De cara a la enormidad del mundo, y a través de sus preguntas, la niña nos permite sentir la pequeñez de nuestra existencia. Por otro lado, es a través de las oníricas ilustraciones en acuarelas que la niña parte de un lluvioso domingo por la mañana y viaja por varios lugares donde lo que sucede va variando, para regresar por último a su casa, a su habitación, donde todo sigue siendo gris, pero con otro punto de vista.