Esta es la historia de los hermanos Tonatiuh y Citlalli descendientes directos de los aztecas. Citlali tiene 8 años y su hermano nueve. Los juguetones y creativos y parecen ver y vivir otra realidad desde muy pequeños pero, conforme los hermanos fueron creciendo, fue que padres se dieron cuenta de que ellos eran especiales, que tenían otros dones y que estaban siempre muy interesados en investigar las raíces de su cultura, aunque desconocen el verdadero origen de su comportamiento. Los hermanos heredaron de sus ancestros dos medallas sagradas e indestructibles que deben preservar ante todo y que llevan colgando de sus cuellos desde el día de su nacimiento y deberán portar a lo largo de su vida. Aquellos ennoblecidos que poseen esta joya tienen la capacidad de ver, oír y sentir más allá de los límites humanos y adquieren la obligación de recuperar el significado real de las hermosas tradiciones mexicas y de preservarlas. Las medallas les conceden poderes de seres muy avanzados, tales como comunicarse con la mente telepatía, viajar a otros lugares, mover objetos y la capacidad de hablar con plantas, animales, minerales y contactar con la madre tierra y el universo. Para orientarlos en su tarea, están acompañados por un par de bulliciosos e inquietos chaneques que se aparecen y les dan claves e información sobre sus ancestros y tradiciones.