Alicia Plante propone en Una mancha más un juego deductivo que, a poco de entrarle a su historia, deja de serlo. Porque la trama que despliega supera los límites de la novela policial clásica y, de pronto, cuando el lector menos se lo espera, se encuentra atrapado en una intriga donde los escenarios de lo cotidiano, los gestos de la rutina, todo aquello que parece reconocible a primera vista se vuelve enigma y entonces surge, con violencia subterránea, densa, la tragedia de los chicos apropiados por la última dictadura. Una mancha más opera, en superficie, como una reinvindicación de la novela deductiva. Plante no hace bajada de línea. Pero sí formula preguntas que, mediante lo detectivesco, refieren una tragedia que compromete al lector.