Los mandamientos del abogado nos ayudan a advertir que la construcción de un Estado de Derecho eficaz nos exige una permanente mejoría y una continua adaptación a las aspiraciones populares. La renovación es ley de r la vida y es también la vida de la ley; si la ley U no se inscribe en la conciencia del hombre M, y no se traduce en una conducta de respeto perseverante, pierde su vigencia y se hace u inoperante. La ley no puede ni debe ir a la zaga de los acontecimientos. Si los hechos contradicen al derecho, la ley deviene en letra muerta. Como profesionales del Derecho nos proponemos ser corresponsables en la difícil circunstancia que enfrentamos para consolidar un Estado pleno de derecho, en el que prevalezca la honestidad, la rendición de cuentas y la transparencia. Una sociedad sin miedos, ni amenazas. Vemos consumado un elevado propósito, largamente aplazado: que la mano de la justicia se extienda protectora y generosa para redimir las lágrimas del pobre, para saciar el hambre y la sed de los desheredados, para proteger al desamparado y para la deuda que producen la desigual y la marginación. Para lograrlo es necesario conocer y apropiarse del estudio, del pensamiento y trabajar luchando por la lealtad y tolerancia, para tener paciencia y fe en nuestra profesión.