En 2003 el reto era posicionar a la Maratón de la Ciudad de México entre las mejores del mundo. Una de sus estrategias fundamentales fue asociarla en imagen y protocolos a la Olimpiada de 1968, y así vestir a la capital año con año con una letra, un color y un tema representativo de lo que somos y lo que podemos lograr, hasta llegar a 2018 y completar la palabra MÉXICO.