La luminosidad exterior resalta el acabado de las estructuras arquitectónicas, destaca su elegancia, sus detalles y le dan vida a los colores y textura. La luz blanca suele provocar mayor luminosidad y los focos amarillos producen mayor sobriedad. Focos de alta intensidad, colocados en el piso, bañaran los muros con su luz; en los árboles resaltarán el follaje.