Tranquilizado por el sentimiento de sumergirse en la percepción de algo inquietante que no le atañe, el lector se prepara para una aventura emocionante y desafecta, llena de horrores controlados y previsibles. Pero no cuenta con Hoffmann. No cuenta con que muy pronto, al introducirse en la narración, se reducirá al mínimo la distancia entre lector y novela, desaparecerán los límites que a este le parecían tan evidentes y establecidos entre el mundo real y lo fantástico, entre la cotidianeidad y lo desconocido, entre la realidad controlada y el terror...» Hoffmann desciende a lo más profundo del ser humano para entender sus acciones y motivaciones. En este relato, en el que se encuentran muchos elementos de la novela gótica, el autor, considerado por Freud como «el maestro sin par de lo siniestro en la literatura», realiza un gran trabajo de profundidad psicológica.