El conflicto debe observarse como el reencuentro del ser interno con el externo del ser humano en su interacción en la sociedad, actuando de manera racional, buscando siempre la solución de manera más humana y dejando que sean ellos los protagonistas de sus propios problemas; donde con base en su actuar respeten entre ellos sus derechos humanos, aplicando una relación igualitaria en el desarrollo de sus actividades y propugnando su actuación dentro del marco del respeto con la autoridad y con sus semejantes.