...Aquí estoy: con un cuerpo que se niega a responder a mis mandatos. Ya ves lo que queda de mí: un amasijo de nervios, vísceras, huesos y piel; una masa impotente que no ha muerto ahogada en sus propias inmundicias, por la benevolencia de una mujer de la que apenas conozco su nombre y por la solidaridad de otra, a la que alguna vez defraudé. Tan sólo soy un muerto que respira, piensa y sufre. Ciertamente, no me interesa seguir existiendo. Ahora, sólo deseo que la muerte venga y me libere...