Mi hermano James Joyce no sólo tiene una estructura narrativa autónoma, sino que respeta con un criterio bastante ortodoxo una de las conquistas más firmes y necesarias de la novela moderna: el punto de vista coherente. (...) El resultado es un libro singular y asombroso, que pueden leer no solamente los lectores devotos de Joyce, sino todo tipo de lector, incluso los que no conocen a Joyce o no gustan de sus obras.