El que un mismo libro hable a distintos lectores por generaciones es uno de los misterios más grandes de la literatura. En Cartucho no hay más que lo que hay: una violencia permanente con la que se con/muere y se con/vive todos los días. Esa naturalización es responsable de que los lectores de Nellie Campobello sientan su obra muy cercana a la época que nos habita.