En el año 2000, la derrota del PRI en las urnas acabó con casi siete décadas de dictadura perfecta, y en el gobierno del cambio se depositaron expectativas largamente acariciadas sobre la alternancia en el poder. Pero dos sexenios a cargo de la oposición han permitido el avance de una coartada política tan fina, que supera a la de sus predecesores: la ficción de que existe democracia electoral.