Solo quienes consiguen el dominio y el conocimiento de si mismos son verdaderos hombres y mujeres. Este libro propone un medio para lograr ese fin: el ejercicio del arte clásico de la oratoria. En efecto, a lo largo de sus paginas se va conformando una imagen humana y poderosa y firme, dispuesta siempre a la acción constructiva. El autor prescinde de la exposición de intrincadas normas retoricas, y reduce los ejes del aprendizaje oratorio a dos fundamentales: comprender a fondo a los grandes oradores de todos los tiempos, mediante un estudio minucioso y asiduo de sus trabajos, y practicar continuamente la expresión de la palabra hablada. Otro valor de la obra se encuentra en el planteamiento de la relación entre el bien decir y el actuar bien, como su consecuencia necesaria e inmediata. Debido a que solo puede actuar bien quien es bueno, se exige previamente que el hombre y la mujer adquieran esa virtud aprendiendo a decir bien. Para eso estarían obligados a desarrollar una serie de atributos innatos, cuya expresión armoniosa será preciso conquistar.