Nuestro amigo osito le gustaría jugar en el parquecito. Pero no con los niños. Quiere todo el parquecito para él solo: el columpio, el laberinto, todo. Y como es mucho más fuerte que los niños, puede, naturalmente, impedirles jugar. Sin embargo, cuando está sentado en el balancín, necesita a alguien en el otro extremo.