Raúl González Tuñón hablaba de "los papeles que los filósofos arrojan al alba". Pensaba que con la filosofía poco se goza y, ante la dureza de la vida, aconsejaba al amigo echar veinte centavos en la ranura si quería ver la vida color de rosa. Muchos filósofos estarán de acuerdo en que sus papeles no permiten ver la vida de este color, y que quizá lo mejor será arrojarlos al viento y no proponerlos a la lectura.