"La América española fue guerrera, no industrial, comercial ni agricultora desde su cuna. Mal poblada, porque lo fue por una nación despoblada ella misma por una guerra de ocho siglos, recibió en herencia orgánica la ignorancia y el desdén al trabajo; el odio a la fe disidente; el amor a la adquisición del oro sin trabajo; el error de creer que tener minas era ser rico, con tal de tener esclavos para hacerlos trabajar; el error de creer que extender los dominios, es decir, el suelo de la Corona, era extender su poder y grandeza; el odio a todo extranjero disidente en religión, su comercio y trato, el aislamiento como principio de existencia social y garantía de seguridad contra la condición del extranjero, la prohibición de todo comercio [...] el amor a las fiestas, el vicio y el lujo." J. B. Alberdi, Escritos póstumos."Para la sociedad de Nueva España, el trabajo ni redime ni es valioso por sí mismo. El trabajo manual es servil. El hombre superior ni trabaja ni comercia: guerrea, manda, legisla. También piensa, contempla, ama, galantea, se divierte. El ocio es noble. El trabajo es bueno porque produce riqueza pero la riqueza es buena porque está destinada a gastarse y consumirse en esos holocaustos que son las guerras, la construcción de templos y palacios, el boato y las fiestas. Formas distintas de la disipación de riquezas: el oro brilla en los altares o se derrama en las fiestas Para los puritanos y sus herederos, el trabajo es redentor porque libera al hombre y esa liberación es una señal de la elección divina. El trabajo es una purificación que es asimismo una separación: el elegido asciende, rompe con los lazos de la tierra, que son las leyes de la caída."