Más de cuarenta años después del desembarco aliado en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, las playas normandas son un paisaje redundante, su propio espejismo. Las mismas playas y acantilados de hierro y plomo para los que lo vivieron, y un destartalado parque de atracciones para Daniel, un crío de once años atrapado entre los ritos de paso de su edad y la indiferencia de los adultos. Alrededor, como un cónclave de fantasmas invocados por sus propias cuentas pendientes, otros personajes arrastran sus deudas.