Tendría yo unos 18 años cuando mi hermano mayor, Jesús, trajo a casa un libro titulado: Los nihilistas. Podemos decir que ese fue el primer libro que vino a despertar en nuestros cerebros ideas sociales más concisas de las que ya nos bullían. Pobres y miserables éramos, como pobres y miserables lo hemos sido en toda nuestra vida. De humildísima cuna, naturalmente siempre vivimos en contacto con el dolor de los desheredados; y este malestar social, desde pequeños, hizo marca en nuestro carácter, dejando huella profunda que jamás se ha borrado. Los nihilistas despertó en nosotros ansias de libertad, mejor definidas en Ricardo, que contaba dos años y medio más que yo.