El escenario de esta novela es el Caribe de principios del siglo XVIII, espejo de conflictos europeos, donde todos quieren vivir a expensas del imperio creado por España en América. En este contexto se desarrolla la historia del corsario puertorriqueño Miguel Henríquez, mestizo de tres razas, producto americano y personaje estríctamente histórico, que encarna la naciente conciencia americana y cuyo destino personal está vinculado a las intrigas de la política interna y del comercio internacional. Aunque esta imagen del corsario es fiel a los retratos de los historiadores, la novela lo retrata por dentro y por fuera: ni héroe ni villano, sino hombre que se niega a vivir entre murallas, sean éstas políticas, nacionales, económicas o sociales.