Teodoro Césarman fue un hombre ejemplar, médico, cardiología su especialidad. Doctor y amigo de políticos, artistas, comunicadores, un ser humano como pocos ha habido. Aquí algunos de los comentarios vertidos por los asistentes a su homenaje en enero de 2008: “Teodoro trataba con seres humanos. Y se daba a la tarea de comprenderlos. Nunca salió nadie triste, ni apesadumbrado, ni desconsolado de su consultorio.ö “Teodoro era fuente inagotable de amistad.´ ´Teodoro era médico del alma colectiva: De la sociedad. De la Ciudad de México. De los problemas de la ciudad. Del mundo.ö ´Algo tienes, Teodoro, que nos gusta estar aquí, contigo... ¡Qué bueno que exististe!... ¡Hiciste más fructífera la vida de nosotros!...Conocías el Alma Humana a fondo... ¡Pensabas en grande! ¡Aconsejabas en corto!... ¡Todos los días enseñabas algo nuevo!... ¡Fuiste un amigo a la medida!ö.
En este volumen sus hermanos, Fernando y Eduardo, nos muestran otra faceta de Césarman, la de poeta. Versos encontrados en una caja y publicados sin su permiso, tal vez hubiera preferido que permanecieran guardados, pero hoy nos pertenecen a todos, poemas que hablan de la vida, del hombre y sus sentimientos, el amor, la soledad, la muerte.