México ha entrado al siglo XXI con la insoslayable necesidad de realizar las reformas económicas de la segunda generación; es decir, avanzar en el proceso de modernización iniciado en los ochenta. Ello plantea un verdadero desafío competitivo; Por una parte la competitividad resulta del conjunto de los valores productivos y, por otra, porque sólo este tipo de crecimiento económico puede mejorar sensiblemente el bienestar de la población.