La gran aventura intelectual del surrealismo agrupó, en los primeros años del siglo xx y a la sombra no siempre protectora del movimiento Dadá, a un reducido grupo literario que acabaría pronto con los gestos y actitudes de la vanguardia rezagada. Contaminó e hizo suyas pintura, escultura, cine y solo la música parece haber estado fuera de su influencia. Intervino en política con la contundencia de una izquierda sin ataduras, ajena al escalafón y al consenso, uniendo a Marx y a Rimbaud en una frase que ha hecho fortuna: «Objetivo triple e indivisible: transformar el mundo, cambiar la vida, rehacer de arriba a abajo el pensamiento humano».