Antes de Sócrates, el Derecho era un acumulado de convenciones legitimadas por la autoridad y de leyes emanadas de una élite que manifestaban una amenaza de castigo para los ciudadanos que no las cumplieran. Después de Sócrates, el Derecho se convirtió en voz común de la polis, en un instrumento ilustrado y respetable que representaba la protección de la convivencia social y del perfeccionamiento de la comunidad; por tanto, era deber de todo ciudadano obedecerlo y someterse a él, aun a costa de su instinto de supervivencia e intereses personales, para lograr un beneficio colectivo