En aquella tarde del 15 de octubre de 1977, y como broche de oro a su visita oficial a España, José López-Portillo y Pacheco, el nuevo tlatoani de México, hizo realidad su viejo sueño de regresar a Caparroso, la cuna centenaria de sus antepasados. Ante un gran despliegue de medios de comunicación y en loor de multitudes, se cumplía a carta cabal la profecía de José Manuel Yanguas Cenarro, el "secretario perpetuo", el mismo que, 15 años antes, vaticinó que don Pepe regresaría a su pueblo en calidad de presidente. No pocos testigos del momento creyeron que aquello era un nuevo regreso del dios Quetzalcóatl.