Los planteamientos de la filosofía política y las humanidades han privilegiado a la guerra sobre la paz porque la violencia bélica parece amenazarnos de manera más directa que las hipótesis de una paz consolidada. La preocupación y, en cierta medida, el atractivo del conflicto organizado y sostenido existe desde tiempos inmemoriales, y han impulsado que el fenómeno de la guerra haya sido estudiado en todas sus facetas y de manera más prolija que la paz, relevando así, a partir de posicionamientos éticos, el restablecimiento de la paz como un mérito fundante que sostiene otros valores éticos y de carácter social.