La idea principal planteada por el autor en la segunda edición de este interesante libro es que en México es necesario diferenciar que una cosa es el control de la legalidad y otra muy distinta el control de la constitucionalidad de actos y leyes. Sugiere que debería haber uno o varios tribunales especializados para realizar la primera y otro en manos de especialistas en justicia constitucional para atender al segundo. Del año 2002 a la fecha se han suscitado en México interesantes fenómenos que han puesto a prueba a las instituciones vigentes para el control de la constitucionalidad; ejemplo de ellos son el proceso electoral del 2006, y los no menos graves casos de Oaxaca y Puebla en el 2007. Estos incidentes hacen evidente la necesidad de separar la justicia ordinaria de la justicia constitucional, por ello el autor afirma que México necesita un Tribunal Constitucional con urgencia para que los mexicanos podamos vivir en un clima de certidumbre constitucional.