Estos dos relatos son apenas una pequeña muestra de su habilidad como narrador, de su laboriosa ingeniería en cuanto a las formas y de su profundidad reflexiva, todo lo cual coloca a Vicente Leñero como una de las figuras destacadas de la literatura mexicana del siglo XX y lo que lleva el XXI. En ambos relatos, Leñero fusiona realidad y ficción, menciona situaciones y personajes reales y los hace y los hace convivir con los plenamente inventados para cumplir el objetivo de revelarnos una verdad, un misterio del alma humana a partir de situaciones donde el conflicto surge del engaño.