El Agrio es Bruno, y la narradora, quizá para su desgracia, se ha enamorado de él. Mucho más: se ha vuelto loca por él. Con un estilo que va mucho más allá de la ironía y del laconismo postmodernos, y con un fondo sentimental, Valérie Mréjen narra una historia de amor muy peculiar poblada por personas que los lectores y lectoras reconocerán, e incluso en lo cuales ellos mismos se reconocerán.