Durante la Revolución mexicana, en medio del desastre, al paso de vastos desplazamientos geográficos, bajo la granizada de las balas, la sociedad se divierte, se iguala a sí misma, encara la muerte entonando corridos, retrata la siega, filma vistas y documentales poco antes de que las películas aparezcan, grabándose a sí misma en madera y en linóleo; desde luego escribe más que otra cosa.Esta obra trata, particularmente, de aquella sección de la bottega revolucionaria donde la objetivación artística asume diversas formas escritas relativas a lo extraordinario de la vida cotidiana, en medio del huracán que tira y destroza, preparando al mismo tiempo el terreno de la siembra y para las carreteras, para la construcción del Estado y para el levantamiento de presas modernas. Se propone llevar a cabo una lectura indiciaria de aquel proceso, olvidado cada día más en México, conocido como Revolución mexicana de 1910, a partir de la literatura que creó.