María tiene muchos nombres, y es para mí un gozo grande llamarla con ellos, dijo san Efrén el Sirio en el siglo IV. Desde entonces tiene muchos más: ha ido sumando el que cada uno le dice, y se llama de modo nuevo cuando alguien advierte en Ella un matiz de su dulzura o una luz en sus prerrogativas dogmáticas. Cada día o cada pena, cada debilidad o cada gozo, cada sensibilidad recién inaugurada o el descubrimiento de una bondad o de una belleza pueden originar un título nuevo de María. La mariología recomienza en cada instante.