¿Puede asociarse la práctica de algunas manifestaciones artísticas y culturales, a distintos componentes emocionales?, ¿es esta interacción la que motiva y permite contemplar el mundo desde una perspectiva diferente? Parece ser que el cerebro humano, órgano complejo en continua reestructuración, agradece los retos y necesita el arte. Tal vez la educación y la apreciación artística resulten necesarias si nos concedemos adquirir toda una serie de competencias socioemocionales básicas para nuestro desarrollo y que además, nos haga más felices: que al final termina siendo el verdadero aprendizaje, el que prepara para la vida.