El periodismo político de Ignacio Manuel Altamirano, aparte de ser claro espejo que refleja su verdadera imagen, sirve ahora, por primera vez, para franquearnos la entrada a esta apasionante fase de su producción intelectual, en la que si bien se mezclan los riesgos del desaliño a que lo obligaba la prosa periodística, también encontramos, desde luego, artículos de gran belleza literaria y luminoso estilo, que confirman la pluma del combatiente que enciende la antorcha del liberalismo mexicano y empuña la espada del soldado para defender la libertad de su patria.