A fines del siglo antepasado, ¿habría sido posible dar la vuelta al mundo en 80 días, a bordo de trenes y barcos de vapor? El 2 de octubre de 1872, un inglés rutinario y tranquilo apuesta con sus compañeros del club que él podría hacerlo. El itinerario sería: Londres, Suez, Bombay, Calcuta, Hong Kong, Yokohama, San Francisco, Nueva York, y nuevamente Londres, en sólo mil novecientas veinte horas. La apuesta fue aceptada y de esta manera comenzó uno de los viajes más extraordinarios que jamás se hayan realizado.